15 de agosto de 2024

Fordypning

Para Alexis Timia hoy ha vuelto.

Puede recopilar algunas circunstancias que han aparecido simultáneamente. No sabe si causas, pero las puede llamar compañeras. Esta noche ha hecho frío, después de un verano de cuatro olas de calor que lo han tenido en constante guerra con su cuerpo y su bienestar. A pesar de haber recorrido ayer 33 km en bici y media hora de natación, pesa un kilo más. A pesar de haberse bebido anoche 2 minis de cerveza, apenas ha orinado, lo que le hace sospechar que tenga retención de líquidos.

El impulso que diariamente siente para nadar en verano hoy se ha quedado en incomodidad ante la obligación. Le parece llamativo la rapidez con que se transforma un proyecto en hábito y luego en lastre. El ejercicio, tan necesario para su espalda, no le ilusiona. La lectura le parece rutina y no aventura. Tiene que recurrir al movimiento físico para engañar a su mente y que se deje llevar por algún plan: barre la casa, pero apenas se anima.

Siente que tiene el deber de comunicarle a su pareja que hoy ha vuelto. que nunca se fue del todo, para que ella esté avisada de lo que pueda esperarles. Pero no quiere hacerlo para que no parezca que se escuda en ello ante los conflictos que van a surgir cuando él se tire en la cama sin ganas de nada o cuando surja alguna incomprensión por su nueva conducta. Efectivamente, ella le acaricia y él no está a gusto, así que ella se ofende y se lo reprocha. Alexis mantiene la calma, lo que considera un logro.

Mejor dejar pasar los impulsos de desesperarse por no hacer cosas que le hacen progresar en su peso, en su cuerpo, en su trabajo, en su espacio, en su música. Ya progresará, si es que el abatimiento le deja.

La regañina de su hija no ayuda. Solo para que le deje en paz, que es lo que quiere hoy de todo el mundo.

Pero hasta la petición de paz es un insulto para los demás.

Hoy ha vuelto, y Alexis espera que sea solo por hoy.

 

28 de junio de 2024

Tirria

Desánimo infinito. Esa sensación que aparece a lo largo de la vida en un momento que separa lo anterior de lo siguiente, y que horada tu creencia en que todo iba bien. Así se sentía Chusta en la sala de espera de la estación de tren. 
En su casa se había sentado sin darse cuenta encima del móvil de Chaima. En seguida se había supuesto que lo había hecho para fastidiar. Tanto Chaima como Chandre se habían cruzado gestos escandalizadas y la primera se había sentido reforzada para comenzar una discusión con Chusta que abarcase los temas de no pedir perdón y el infantilismo. La sorpresa de Chusta le impedía asumir la situación para poder afrontar los ataques de Chaima. 
Al bajar todos a la calle tampoco habían ido mejor las cosas. Faltando 2 minutos para que llegara el taxi habían bajado todos menos Chandre. De repente se asomó por la esquina del edificio y volvió atrás. Al preguntar Chusta extrañado, Chaima le contestó que se relajara. A eso añadió un comentario juerguista sobre que no se había traído el corrector dental para un viaje de 6 días. Chusta, que ya había pagado tratamientos dentales para toda la familia menos para él, e incluso uno de ellos hubo que repetirlo, se mostró contrariado. Cuando vino Chandre se lo comentó enojado y se ganó de Chaima la retahíla de improperios sobre su infantilismo.
En el tren que los llevaba a la estación notó miradas escandalizadas de nuevo cuando no pudo añadir una maleta al equipaje por faltar menos de 24 horas para el viaje. A Chandre no le bastó con saberlo, sino que preguntó repetidamente por la circunstancia de que Chusta no lo había hecho antes.
Ya en la estación todos recibieron la noticia de que los ibéricos que Chusta había comprado el día anterior se habían quedado en casa. Chusta había preguntado a Chandre que si había metido ya la comida en la maleta y está había respondido que sí, pero no era verdad. Ante esto, ningún comentario de Chaima. 
Tampoco se habló nada de que la gestión de la que se había encargado Chandre, el alquiler de un coche, se había frustrado porque se cobraba 6 veces más por dejar el coche en una ciudad distinta a la de recogida. De esto se enteraron esa misma mañana, tras tres horas de investigación de Chusta. Por eso tampoco pasaba nada.
Esa semana Chusta había tenido final de proyecto en el trabajo con entrega de numerosos documentos, reunión de comunidad de vecinos, compra en el supermercado, al mismo tiempo que gestionaba los alojamientos del viaje y que Chaima, sin ocupación durante toda la semana, no se ofrecía para encargarse de ninguna tarea. Pero sí se podía cuestionar que Chusta hubiera hecho bien una gestión. 
Alivió por ponerlo por escrito, pero cansancio y desgana de familia.

26 de junio de 2024

Nocherniego


Por alguna razón, la noche siempre ha supuesto para mí el lado amable de la vida. Fiesta y descanso han sido las dos opciones más recurridas en su seno, predominantes por ese orden en la sucesión de los años. El opuesto de la noche, dicen, es el día. En mi caso es la obligación. ¿Cómo puede inspirar tanto temor atávico en el ser humano el mundo de algo que ahuyenta la obligación? De noche no me siento agobiado por las responsabilidades. Mi mente se libera y vuela. A veces ese vuelo es desorbitado y penetra en nubes donde me esperan mis obsesiones. Entonces comprendo algo los reparos de la gente con la noche, puesto que a menudo equivale a soledad, y sin compañía nadie nos defiende de nuestros miedos. 
De todas formas, no me quitéis la noche.

25 de junio de 2024

Que no entras más


Se guardó todas las reacciones durante cuarenta años. No discutió, no opinó, no mostró ningún desacuerdo. Acataba las miradas desafiantes de los categóricos que buscaban sumisión a sus soflamas disfrazadas de punto de vista sabio. Bajaba la vista ante mentiras que pasaban por certezas en las bocas ebrias de los parroquianos del bar y del altar. Mientras tanto, un rugido se iba gestando en sus tripas escondido tras un muro de silencio. Y notaba que se iba haciendo más y más pequeño. 
Un día su nuca tocó la almohada y encontró que casi no le quedaba nada. Su interior estaba vacío e insatisfecho. El espacio que ocupaba no era suyo, sino de su familia o de sus colegas de profesión. Los amigos ya no le tenían en cuenta, dado que habían notado que no tenía un carácter que ofrecer. 
Lamentó todos esos días sin contestación. No se enfadó. Se propuso cambiarlo. Aunque ya tenía casi 60 años, lo cambiaría. ¿Para qué? Para lo que quedara.

23 de junio de 2024

Ya soy mayor para algunas cosas


Guido se miró al regazo. Los comensales vociferaban salpicando las fuentes de comida. Con la mirada baja se podía olvidar un poquito de tanta presencia humana. Llevaba cincuenta años gastando su valiosa energía sobre todo en dos objetivos: no desentonar en las conversaciones y tensar su cuerpo con sus pensamientos. Había decidido que canalizaría ese suministro en ser asertivo y en observar su cuerpo para relajarlo.
Se levantó de golpe y miró al frente. Se hizo el silencio. 
- No me gustan los cotilleos -dijo. 
Y se sentó. El silencio persistió mientras mordisqueaba satisfecho el curro de pan.

8 de junio de 2024

Hay que avisar


De nuevo encontraba extraño estar entre aquellos individuos. Solo se había dado el caso otra vez en los últimos diez años. No era justo. Alguien tendría que avisar o preparar a la gente para que supiera qué hacer. No había otra forma de asumir que, de repente, entre todo el despliegue de egoísmo y envidia, en medio de la lluvia de maldad y odio, conocieras a dos personas buenas.

6 de junio de 2024

No creo en esta España


La broma es un triángulo entre la justificación cómica, la posible ofensa al aludido y el encaje del bromista en caso de recibir la chanza. La primera no respalda cualquier mofa si no tiene el cuenta a la segunda, pero la segunda puede acudir como refuerzo de la tercera. Lo ideal sería que todos pensaran en la más que probable ofensa que surgirá de la broma que hagan. Eso deja como única posibilidad de humor limpio el humor sobre uno mismo. También cabría aceptar el humor de ataque-respuesta, pero este no sería simétrico: en uno de los dos bandos siempre hay más poder. El autohumor despeja dudas y no contamina, pero no a todos les sirve. A la mayoría que quiere reírse de la minoría no le sirve. Si la masa se siente poderosa, se acuerda de los marginados para burlarse, cuando debía ser precisamente al contrario: una posición de éxito debería despertar la solidaridad con los que no lo tienen, no el deseo de jolgorio  a costa de denigrar al distinto. 
Así somos y en esto nos hemos convertido.

5 de junio de 2024

Pensa-miento


La pareidolia nos conecta con el mundo inanimado. Forma parte de la maravillosa capacidad del ser humano para deformar la realidad. Enrevesamos sueños, confundimos fechas, reinterpretamos sucesos y reformamos las estructuras de la comunicación. Como al marqués de Bradomín, nos seduce la floresta de la mentira y preferimos cabalgar a lomos de un falso alazán que caminar sintiendo la arena penetrar en nuestras sandalias. Pero la mente traiciona al crédulo con menos remordimiento que pasión. Arrojados a los pies de los ídolos solo servimos para el deleite de los manipuladores, los que se han alzado con el trono del embuste, los que sacan rendimiento a la creación de engaños y a esto no están jugando; no como nosotros, que no hemos dejado de ser niños encerrados en un largo juego del que no queremos salir.

28 de mayo de 2024

Palabras al ataque


La diferencia entre sujeto y realidad la dan las palabras. La voz es la invasión del mundo exterior en nuestro castillo. Todo parece tranquilo hasta que suena la alarma del centinela. Alguien osa discutir las leyes que organizan nuestro día a día, porque probablemente parecen erróneas a las gentes de fuera. Intramuros los castellanos se escandalizan. ¿Nos han estado engañando toda la vida? El rey trata de explicar su postura, pero el levantamiento está en ciernes. Las palabras deben dejar paso a los hechos, y la orden real indica a los soldados que deben sofocar la rebelión a toda costa. Sin dudar ni despeinarse, los externos contemplan el conflicto con deleite. Solo pueden salir beneficiados. 
El silencio tampoco proporciona siempre satisfacción, pero al menos simula una paz que no desestabiliza el reino.

26 de mayo de 2024

La ley del deseo

Tonguita estaba destrozada. Una de sus amigas tenía cáncer. Ya hacía 10 años que lo padecía, y había tenido sus altibajos. La pobre estaba harta y quería hacer cosas que ahora no podía. Quería volver a hacer deporte, a tomar el sol, a viajar al extranjero, a dormir bien... Y esa situación a Tonguita la reducía a escombros. 
- La acompañamos al camino de Santiago -decía Tonguita entre sollozos-. Lo hizo con mucho esfuerzo, y la animamos en todo momento. 
Edulerdo la consolaba con cariñitos.
- Hemos hecho todo lo que podemos, pestiñito. Anda, pídete otro doble.
Súbitamente el mundo se detuvo. Todos se quedaron como petrificados y delante de Tonguita apareció un maromo en túnica fumando un porro. 
- Soy San Cañuto, patrono de los desahuciados negacionistas. Existe una posibilidad de que se salve tu amiga, pero tienes que escucharme atentamente y tener fe. Sobre todo, tener fe.
Tonguita miró a Edulerdo, que estaba rígido en la misma postura en que la había hablado la última vez. Acordándose de lo que le había dicho, pegó un buchón a su cerveza y volvió a poner su mansa mirada en aquel sujeto que necesitaba una ducha. 
- Tienes que hacer un sacrificio -prosiguió el colega Cañuto-. No vuelvas a beber cerveza jamás y tu amiga se librará del tumor.
Y con un "La decisión es tuya" y una última calada que le hizo bizquear, desapareció. Edulerdo y el resto del mundo cobraron vida. Edulerdo se sorprendió un poco y advirtió el gesto pensativo de Tonguita. 
- ¿Qué te está pasando por la cabeza? 
- Estaba pensando... -contestó Tonguita- que pobre amiga nuestra. Tienes razón. Pídeme otro doble.