Ya dijo Juan Rulfo que llovía sobre los muertos y sobre los vivos, de manera bellísima e inigualable. Cuando vemos un cielo apagado por el aire oscuro de la tormenta, ese vano límite de la lluvia con el infinito nos acerca a la eternidad de la poesía. El agua se apodera del ambiente y del ánimo. Las imágenes a través de la lluvia cobran importancia, se engrandecen, porque son su propia naturaleza humedecida, y se anuncian sobre un telón grisáceo antes de que se acabe la función. Todo es diferente. Gracias a esas gotas pensamos en lo de fuera por unos instantes, que no nos viene mal.
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25 de febrero de 2024
30 de enero de 2024
Las almas de los días especiales
Si a una persona la vemos en el día a día, preocupada por sus quehaceres, agobiada por plazos, taciturna por los problemas, y un día especial se vuelve dulce, acogedora y franca, ¿cuál de las dos es su verdadera naturaleza? Evidentemente, la que más se produce es la cotidiana, la de la cara amarga. Tal vez esa sola ya sea una razón de peso para creer que es un alma negativa y hostil. Yo, sin embargo, creo que el interior se muestra más puro cuando la gente se siente reconocida, no cuando se siente cercada. Me quedo con las almas de los días especiales. Esas son las verdaderas almas.
11 de enero de 2024
Dónde vas tú, pequeñín
Ayer por la tarde subía en la cinta transportadora de un centro comercial. Había empezado una llamada telefónica cuando en la dirección de bajada a un anciano le dio un infarto y se cayó. Momentos de nervios y lloros hasta que por suerte apareció un joven enfermero y lo reanimó.
El ser humano juega con la eternidad, pero es fugaz. Cientos de personas mueren y nacen a cada segundo. Unas tienen más suerte que otras. Nos permitimos encararnos con la naturaleza con vacía soberbia, sin recordar que nuestro viaje empieza y termina cuando no lo decidimos. Decidimos sobre ámbitos que no nos competen sin sospechar las terribles consecuencias. Qué nos hemos creído.
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