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17 de abril de 2024

Que ni me miren, no vaya a ser


Por todas esas personas desconocidas a las que descubrimos mirándonos. Sea cual sea la razón, es un acto en que nos presta atención alguien para quien nada contamos, y esos segundos de interés rompen la absurda barrera de la indiferencia entre semejantes. Sería más natural comportarnos como hacemos con los niños. Si un niño nos mira, le sonreímos, y así se siente acogido por una sociedad que unos años después, cuando pase del metro de altura, dejará de sonreírle sin razón aparente.
La alienación de los humanos se nutre de ese rechazo a la sonrisa inmotivada. Con lo fácil que sería acoger a los demás con una mirada fraterna.

19 de marzo de 2024

Un tío hecho y derecho


Creo en la figura del héroe y todavía escondo un secreto deseo de ser uno, aunque cada vez más sepultado por los estratos de pragmatismo sedimentados por el tiempo. Todavía espero que sucedan cosas maravillosas sin que yo lo merezca. Me río con toda mi alma cuando algo me hace gracia, y si me hace mucha gracia me río mucho más. Hago payasadas cuando ni yo lo espero. Me gusta la comida rica. La luz que sale de las pantallas de cine es magia. Jugar es necesario y lo haría todos los días. Me cansan los sermones. Si me lo estoy pasando bien, no me quiero ir a la cama. Tengo que ir al cole todos los días, donde tengo muchos amigos. Me gustan los dibujos animados, los tebeos y los balones de fútbol.
No me importa reconocerlo: en muchos aspectos soy todavía un niño.

14 de marzo de 2024

Vendido es el fruto de tu vientre

Vendido es el fruto de tu vientre es el título de la obra de teatro que he ido a ver hoy. La habilidad del director al poner 15 actores sobre un escenario de 15 metros cuadrados siempre presentes iguala a la multiplicación de los panes y los peces, solo que lo primero lo he visto yo. El tema central era el robo de bebés en España durante los años 60, 70, 80 y 90 del siglo pasado, a cargo de instancias eclesiásticas y en favor de las clases pudientes arraigadas en el franquismo. Los actores, dirigidos por un director hacendoso y creativo, desplegaban su maestría en la contención de movimientos exigida por el espacio. Uno en especial, espléndido y de la ciudad, como yo. El argumento, soberbio análisis de una historia ficticia que funciona como paráfrasis del grave asunto, no decae en toda la duración de la obra.
El saqueo de placentas proletarias siempre ha sido muy del gusto de los potentados, que saborean un aire de nosequé bohemio cuando piensan que su linaje los protege de la ley. El poder del pasado es el padre de la libertad moderna, esa que te permite violar normas y conculcar úteros.