Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

26 de mayo de 2024

La ley del deseo

Tonguita estaba destrozada. Una de sus amigas tenía cáncer. Ya hacía 10 años que lo padecía, y había tenido sus altibajos. La pobre estaba harta y quería hacer cosas que ahora no podía. Quería volver a hacer deporte, a tomar el sol, a viajar al extranjero, a dormir bien... Y esa situación a Tonguita la reducía a escombros. 
- La acompañamos al camino de Santiago -decía Tonguita entre sollozos-. Lo hizo con mucho esfuerzo, y la animamos en todo momento. 
Edulerdo la consolaba con cariñitos.
- Hemos hecho todo lo que podemos, pestiñito. Anda, pídete otro doble.
Súbitamente el mundo se detuvo. Todos se quedaron como petrificados y delante de Tonguita apareció un maromo en túnica fumando un porro. 
- Soy San Cañuto, patrono de los desahuciados negacionistas. Existe una posibilidad de que se salve tu amiga, pero tienes que escucharme atentamente y tener fe. Sobre todo, tener fe.
Tonguita miró a Edulerdo, que estaba rígido en la misma postura en que la había hablado la última vez. Acordándose de lo que le había dicho, pegó un buchón a su cerveza y volvió a poner su mansa mirada en aquel sujeto que necesitaba una ducha. 
- Tienes que hacer un sacrificio -prosiguió el colega Cañuto-. No vuelvas a beber cerveza jamás y tu amiga se librará del tumor.
Y con un "La decisión es tuya" y una última calada que le hizo bizquear, desapareció. Edulerdo y el resto del mundo cobraron vida. Edulerdo se sorprendió un poco y advirtió el gesto pensativo de Tonguita. 
- ¿Qué te está pasando por la cabeza? 
- Estaba pensando... -contestó Tonguita- que pobre amiga nuestra. Tienes razón. Pídeme otro doble.

11 de mayo de 2024

El tranquilo espectador


A un lado de la trocha había encontrado un vencejo muerto resecado por la tórrida mañana. Yacía tendido mirando al suelo, sin dejar ver su pico ni sus ojos. El malsano aclarado de sus alas le hacía pensar en cómo dentro de su cabeza las ideas también se le iban enfermando de tanta ida y vuelta. Sintió un poco de sed cuando su vista se detuvo en las plumas deshechas a fuerza de sol. Se le ocurrió imaginar cómo habrían sido las últimas imágenes que habían pasado por dentro de su cabecita, y le alivió descubrir su sencillez: alimento, peligro, huida y, tal vez, fin. El sufrimiento apenas habría durado. Un golpe con un obstáculo inesperado, un virus que lo iba royendo por dentro, el hambre no satisfecha... Nada complicado.
Unos niños hacían fotos con su móvil a la avecilla. Juntaban su pelo con el cráneo del vencejo y miraban al objetivo sacando la lengua. Le pareció poco compasivo, así que se acercó y para acabar con la situación propinó una buena patada al cadáver, que salió despedido en todas direcciones.
Escuchó gritos y miró al suelo. Allí seguía el vencejo, boca abajo como escondiéndose para reírse de una broma macabra.

25 de abril de 2024

Hoy me llamo Sara


Hoy me llamo Sara. Me morí ayer, con 46 años y 25 kilos. Si alguien pregunta qué justicia hay en esto, yo respondo que no busco justicia, como tampoco la busca el río cuando acaba en el mar. Mis hijos y mi marido me han conocido, han vivido mi vida conmigo y han sabido de mis alegrías y mis penas. Yo sabía hace meses que este sería el resultado tarde o temprano. Me preguntaría cómo era eso de vivir sin temer la muerte, por si alguien comparara mi situación con la suya, pero jamás la temí. Hay que procurar no quedarse en que todo tenga dos lados, aunque uno de ellos sea la propia vida. Es fácil situarse en las posibilidades alternativas cuando ninguna se resuelve con el final de tu existencia. Pero yo he conseguido superar eso.
Cierto: me cago en el maldito monstruo que me estrujó. Me tocó a mí y nada más puedo decir. Solo os deseo que lo atrapéis antes de que os entre hasta la cocina y haya tiempo de echarlo.
Os veo y me pongo triste, pero no por no estar con vosotros. Con quien lo desee, yo estaré. Lo que me entristece es ver cómo malgastáis vuestra vida en cosas que no lo valen. Para mí es fácil decirlo; ya sabéis que se valora de verdad algo cuando se pierde. Pero si os lo decimos muchos, a lo mejor hacéis algo de caso.
Aquí no se está mal. No os preocupéis más por mí. Preocupaos por vosotros, y haced algo, capullos.

19 de febrero de 2024

La biblioteca de la medianoche


He acabado de leer este libro de Matt Haig. Vale para las personas con muchas preguntas en la cabeza. Leerlo no responderá ninguna. Solo dará alguna posibilidad nimia de que en algún momento, dentro de unos meses o años, la mente descubra que algo ha cambiado dentro, y ese sea el instante preciso en que encuentre la respuesta a aquellas preguntas que se hizo hace meses o años. Por eso vale la pena leerlo.

15 de febrero de 2024

Tras la gran pantalla


En el fondo, la vida está construida a base de encomendarnos ciertos recados. Como a los niños cuando se les mandaba por el pan, porque eso somos nosotros para el universo. Uno de esos recados es "Tienes este tiempo para prepararte ante la muerte". Conocemos esa obligación desde que somos conscientes del paso del tiempo, aunque nadie nos la transmita. Como, según dicen, el ser humano es libre, son variadas las maneras de afrontar la tarea. Unos centran sus esfuerzos en asimilar la idea de la propia destrucción y la de los cercanos. Otros, aparentemente superado el temor tras un proceso de convencimiento, procuran completar una lista de requisitos arbitrarios para cuando llegue el momento. El resto vive negándose a reconocer que el fin es un átomo más en cada entidad de todo lo que existe, por más que cada proceso que presencian se lo esté gritando a la cara.
Yo creo que a lo largo de mi vida he hecho admirables -por lo que tienen de inesperados- progresos en la primera de las tres vías. Y la lista de la segunda vía me ha acompañado desde muy joven. Pero a veces siento un trémolo susurro desde la tercera que me sacude la espina dorsal.

29 de enero de 2024

Nexus. mi Nexus


Los últimos momentos de algo son siempre los más sabrosos. Se para la premura de la vida y nos detenernos a investigar en qué consistía eso que se está acabando. Tal vez en esos minutos finales comprendemos mejor que nunca la naturaleza de lo que estamos a punto de perder, y lo amamos con todas nuestras fuerzas. Pero se nos escapa entre los dedos como agua para no volver jamás.

25 de enero de 2024

Ahora y aquí


La forma de recordar el pasado también moldea la personalidad. Un suceso tormentoso visto desde el humor por alguien adulto puede crear un niño sin miedos. Qué importante es la persona que nos hace perder el temor a la vida desde pequeños. Durante gran parte de la existencia el humano tiene pánico a la vida y lo enmascara con la preocupación por la muerte. Es como comer sin pensar en el sabor o andar sin sentir cada paso. Vive y date cuenta.

17 de enero de 2024

Quemando naves


Cuando llevas ya unas cuantas vueltas alrededor del sol aprendes algunos trucos para jugar al escondite con la ansiedad por el fin. La que hoy explico es imaginar que estamos en una carrera. En las carreras no se acerca el final; solo avanzas. Fingir que una fase terminada es un avance nos acerca a la serenidad. Aunque a veces duela, como cuando tienes que desprenderte de un amigo que lleva contigo 24 años. Y eso a pesar de que ese amigo no sea humano.

11 de enero de 2024

Dónde vas tú, pequeñín

Ayer por la tarde subía en la cinta transportadora de un centro comercial. Había empezado una llamada telefónica cuando en la dirección de bajada a un anciano le dio un infarto y se cayó. Momentos de nervios y lloros hasta que por suerte apareció un joven enfermero y lo reanimó.
El ser humano juega con la eternidad, pero es fugaz. Cientos de personas mueren y nacen a cada segundo. Unas tienen más suerte que otras. Nos permitimos encararnos con la naturaleza con vacía soberbia, sin recordar que nuestro viaje empieza y termina cuando no lo decidimos. Decidimos sobre ámbitos que no nos competen sin sospechar las terribles consecuencias. Qué nos hemos creído.

14 de diciembre de 2023

El aire, sin notarlo

 

Qué injusto es el trabajo del oxígeno. Admirable e ingrato. Y cuando ha acabado, todo el mundo echa de menos a su jefe y sigue explotándolo.