El olvido ha sido un arma implacable que han usado con facilidad enemigos vencedores y vengativos sobre los derrotados en conflictos cruentos y de asechanzas. Lo terrible del olvido histórico es que las generaciones acaban por no notarlo, y queda oculto para siempre, sin remedio ni consuelo.
Pero cuando el olvido no se impone como ley, sino que te aparta de los seres queridos repentinamente y los encierra en un joyero del que no tienes la llave... entonces lacera como lengua de lagarto y un impacto de cuerpo errante te golpea de abajo arriba.
Nadie nos dijo que este suelo sería seguro para siempre.