El poder de la palabra es como el poder de la belleza. Seduce multitudes y modifica opiniones. Transforma ideas y permite que nazcan otras por su mera aparición. Quienes lo posean tendrán ventaja sobre los demás. En un reparto arbitrario, la palabra beneficia a ciertas personas desde que llegan a este mundo. Entra en el saco de los valores inmerecidos, que muy poca alabanza me merecen. ¿O es que cualquiera puede esforzarse y tenerlo? Puede sacrificarse para mejorarlo, pero con el límite que le haya dado su origen. Igual que la belleza.
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