El pescador recogió sus enseres tras la jornada vespertina. No eran sus redes, eran sus pinturas de colores.
Un destello iluminó cegadoramente la noche. No era un misil, era una farola que se acababa de encender.
Nadie fue a esperarlo a la salida del colegio. No era un niño, era un adulto que trabajaba allí.
Se imaginó qué hubiera pasado si hubiese tomado aquel avión. Pues que habría llegado antes, porque no se estrelló.
Cuantas presunciones sin razón. Cuánto pesimista disfrazado. Cuántos miedos nos asedian sin ejército. No les hace falta. Se lo damos nosotros.