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10 de noviembre de 2024

Luchando por verlo todo desde lo alto


Un mareo vibrante dentro de mis oídos. La sensación de que mi cerebro se golpea contra mi cráneo como un loco en la celda del manicomio. Algo agarra mi martillo y mi yunque, y los congela. "A ver si puedo centrarme" musito ante el estante del lavabo.
Afuera no se me comprende. Miradas de crítica por estar tumbado en la cama leyendo para sujetar la vibración. Gemidos de sorpresa. Incomprensión en los gestos. 
Solo yo conozco la batalla de mis cavernas. Solo yo puedo tratar de aplacarla. Nunca se detiene.

6 de mayo de 2024

El ruido de mi cabeza

Por fin suceden dos cosas con el ruido de mi cabeza: que comprendo que es la muralla tras la cual se esconde la máquina de mis ideas y que empiezo a hacer bajar el puente levadizo que permite atravesarla por la puerta abierta. Y esto lo han posibilitado la experiencia y la razón. La primera ha llegado sola, como el otoño, y la segunda me gritaba día tras día desde los matorrales, pero yo no sabía hacerle caso. Transmitía mi incomodidad y mi impaciencia a mis extremidades, a mi cara y a mi sueño.
¿Cómo han cambiado las cosas? Sin darme cuenta y con el tiempo. De repente, un día, te sorprendes de que puedes hacerlo, lo haces y funciona. Y ese acto afianza tu seguridad para repetirlo. Y pierdes el miedo a ser infeliz. Y ya no te encierras en el coche para pedir ayuda a gritos.

2 de mayo de 2024

La mente me ha hecho así


Si ando y empiezo a pensar en cosas que tengo que hacer, que tenía que haber hecho o que hice mal, mis ojos empiezan a caer hacia el suelo, el cuello se me encorva y los hombros obligan a mi pecho a encogerse. Es totalmente inconsciente y solo con los años me he dado cuenta de que lo hago. Conexión mente-cuerpo. Probablemente, si consiguiera no pensar mientras ando, andaría más relajado y recto. Pero cómo se puede no pensar. Muchas veces habría agradecido profundamente que alguien me hubiese enseñado a hacerlo. Si pienso más que respiro. Si es verdad que el cerebro gasta energía, habré adelgazado más de pensar que de hacer deporte. En ciertas fases de mi vida maldije el pensamiento hasta tal punto que envidiaba a los que nunca se planteaban nada y dejaban que todo y todos decidieran por ellos, porque así parecían felices mientras que yo sufría de un constante tormento en círculos.
Últimamente voy encontrando la forma de sujetar las riendas de ese pura sangre. No siempre gano yo.

26 de abril de 2024

Fari seísmo


En este instante de mi vida mi aguante social se iguala a mi escasa capacidad para el sobreseimiento de la hipocresía. Antes me sentía incómodo con la incoherencia de los pontificantes, que tejían una lona de exclusión para quienes no formaban parte de su grupo ni seguían sus preceptos, pero luego se disculpaban a sí mismos por tener comportamientos peores de flagrante egoísmo. Ahora no necesito sentirme incómodo porque me permito liberarme de sufrir su presencia y su influencia. Si alguna vez me sentí presionado para tolerarlos, incluso para aceptar su referencia moral, en la actualidad cada vez están menos presentes en mis consideraciones, hasta solo existir como antiejemplo.
Una de las piedras en el templo de mi ausencia de relajación, ese permanente estado de tensión con el que he vivido toda mi vida.