Donde el humano encuentra mejor su camino es en el interior. Cuando hablas, piensas menos; si escuchas, no oyes a tu mente; mientras ves una pantalla, tu cerebro se duerme. Vivir sin meditar lo que hacemos es como conducir un coche sin frenos. Es necesario parar alguna vez, apartar la mirada del asfalto, respirar hondo y vernos desde arriba como un juguete al que vamos a darle el siguiente uso.
Nuestro juguete, ese soldadito de plomo que no quiere perder ni una pierna ni un brazo, nos tiene que durar y servir bien. Huye del fuego exterior, soldadito, y guíate por el de dentro.