El ser humano juega con la eternidad, pero es fugaz. Cientos de personas mueren y nacen a cada segundo. Unas tienen más suerte que otras. Nos permitimos encararnos con la naturaleza con vacía soberbia, sin recordar que nuestro viaje empieza y termina cuando no lo decidimos. Decidimos sobre ámbitos que no nos competen sin sospechar las terribles consecuencias. Qué nos hemos creído.