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6 de junio de 2024

No creo en esta España


La broma es un triángulo entre la justificación cómica, la posible ofensa al aludido y el encaje del bromista en caso de recibir la chanza. La primera no respalda cualquier mofa si no tiene el cuenta a la segunda, pero la segunda puede acudir como refuerzo de la tercera. Lo ideal sería que todos pensaran en la más que probable ofensa que surgirá de la broma que hagan. Eso deja como única posibilidad de humor limpio el humor sobre uno mismo. También cabría aceptar el humor de ataque-respuesta, pero este no sería simétrico: en uno de los dos bandos siempre hay más poder. El autohumor despeja dudas y no contamina, pero no a todos les sirve. A la mayoría que quiere reírse de la minoría no le sirve. Si la masa se siente poderosa, se acuerda de los marginados para burlarse, cuando debía ser precisamente al contrario: una posición de éxito debería despertar la solidaridad con los que no lo tienen, no el deseo de jolgorio  a costa de denigrar al distinto. 
Así somos y en esto nos hemos convertido.

28 de febrero de 2024

En defensa de la estupidez


Cada vez que se habla de los estúpidos, ninguno de los que escuchan se sienten aludidos. Todos pensamos que los estúpidos son otros de los que nos podemos permitir reírnos o compadecernos. Si traspasamos la barrera de la broma y ahondamos en lo que hay detrás de la palabra, nos avergüenza comprobar que estamos burlándonos de pobres gentes que no han hecho nada para disponer de un bajo cociente intelectual de nacimiento, y que estamos cometiendo un acto injusto y miserable por convertirlos en materia de mofa. Pero no sintamos lástima, pues nuestros actos han cerrado el círculo: por fin existe algún estúpido del que carcajearnos con razón.