He retomado la costumbre de llevar un diario de sueños. Se trata de escribir lo que recuerdas de un sueño, a ser posible al despertar. Hoy no me ha sido posible hacerlo, pero todavía recuerdo una escena de mi sueño en que alguien me decía que ese conjunto de folios con canutillo que llevaba en la mano, y que yo pensaba que eran hojas e ilustraciones que tenían otro objetivo importante para otra persona, era mi obra completa en cuentos. Yo entonces me ponía orgulloso y me regocijaba en la idea de sentir que una labor de años, a la que no le había dado importancia, se concretaba en un sueño conseguido. Es más, al instante siguiente, el tamaño del legajo aumentaba.
Con esa ilusión empiezo el año: llegar a escribir algo cerrado y completo.