Con Valle-Inclán comparto esa juventud que arrostra imposibles ya derrotados, que confía en los héroes, que admiraba ciertos modales de las elites antiguas, que evoluciona a la inversa de la mayoría, que adora el encanto de la hoguera y que despierta para buscar la hazaña del día. Ese mundo espiritual de la cosas y la naturaleza, ese misterio que lo impregna todo, ese trasfondo oculto, esa soberbia decadencia... Ah, la decadencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario