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2 de enero de 2025

Sobre los saltos favorables


Una sorpresa insufla alma en el yo. La clasificación es variada y aleatoria. Mejor pensar en las categorías beneficiosas, que son las más relatadas en cónclaves de compadreo. Las negativas se cuentan menos. Por eso nos ponemos ansiosos y saltarines cuando se nos anuncia que viene algo; suponemos que será bueno. Por eso y por el tono del proclamador, que contagia impaciencia y misterio. Lo desconocido seduce a los humanos. De eso se sirvieron las religiones para someter. 
He tenido dos bocanadas este año: una con la respuesta a tres mensajes de felicitación que mandé, y otra al pensar en la contestación a una pregunta de una profesional. De las dos saqué en claro que tan mal no lo habré hecho en el fondo, aunque me procure mi propio suplicio a menudo, cuando mezclo recuerdos lejanos con el endriago del arrepentimiento. Gracias, discentes y descendientes.

17 de abril de 2024

Que ni me miren, no vaya a ser


Por todas esas personas desconocidas a las que descubrimos mirándonos. Sea cual sea la razón, es un acto en que nos presta atención alguien para quien nada contamos, y esos segundos de interés rompen la absurda barrera de la indiferencia entre semejantes. Sería más natural comportarnos como hacemos con los niños. Si un niño nos mira, le sonreímos, y así se siente acogido por una sociedad que unos años después, cuando pase del metro de altura, dejará de sonreírle sin razón aparente.
La alienación de los humanos se nutre de ese rechazo a la sonrisa inmotivada. Con lo fácil que sería acoger a los demás con una mirada fraterna.