Una sola mirada puede parar un corazón. Pues un corazón debería ser algo más fuerte; por algo lleva una coraza grande. Pecado número 354 de la Sociedad Capibalista: malinterpretar las caras. Que me ha mirado mal. Que me ha puesto mala cara. ¿Y tú, folloncico o folloncica, qué sabes si le duele el estómago o le da el sol en la cara y por eso arruga el gesto? ¿Qué poder nos ha sido otorgado para sentar cátedra sobre las motivaciones de los demás para asentar sus músculos faciales en la posición que sea? ¿Ahora somos telépatas? Lo más curioso de todo es que a lo mejor la persona ni siquiera es consciente de que pone tal cara o tal otra. Se encuentra con el rechazo casi imperceptible y devuelve también rechazo. Así empiezan las guerras.