Las casualidades existen porque los que las advierten desconectan su adormecimiento mental momentáneamente. Por suerte en nuestra especie lo tenemos conectado por defecto. De otra manera, levantaríamos acta de continuo sobre prodigios que atormentarían nuestra atribulada serenidad. Es otro de los parapetos contra anomalías, la gran amenaza del orden humano. Duérmete, niño, y sueña con la realidad.