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18 de mayo de 2024

Piel de malo


El charco iluminado por la luz de la farola mantenía a Henderson en guardia. La lluvia, la noche y el frío actuaban en sentido opuesto, haciéndole desear hallarse en una habitación caliente, a salvo de la humedad. Henderson esperaba a que su víctima saliera de la casa para acabar con su vida.
Ser asesino a sueldo no había sido su vocación. Entre todos sus amigos habían hecho planes de negocios, de estudios, de viajes, pero nunca de eliminar personas. En el fondo, esa había sido su actividad más característica: eliminar amigos se le había dado muy bien. Bastaba con dejar de llamarles, de responder sus mensajes o de interesarse por ellos. Era un maestro en lo suyo.
La verdad es que nunca había querido actuar así. Que le perdonaran todos aquellos que había ignorado. Su capacidad de posponer planes había sido infinita. No es que hubiera dejado de interesarse por los amigos. Más bien, cuando se le ocurría contactar con alguien a quien no veía desde hacía tiempo, cierta inseguridad de hacerlo bien le hacía demorar la idea para más tarde. Un más tarde que nunca llegaba. 
Y esa destrucción pasiva de amigos había sido sucedida por la destrucción activa de gente. Allí estaba, empapado, paciente, tan asqueado por su trabajo como por su forma de ser. 
La puerta se abrió y Henderson amartilló su pistola. Apuntó hacia el umbral.
La cabeza de Robert, su amigo de juventud, asomó por la abertura.

23 de abril de 2024

La rebelión de las cosas


¿Por qué las cosas no me obedecen? Al ponerme la camisa los botones no entran a la primera cuando tengo prisa. Si llego tarde, las esquinas de la cama se ponen en medio y me doy con ellas. Cuando intento coger las tijeras del fondo del cajón entre el conjunto de trastos, no se dejan agarrar y me cuesta tanto conseguirlo que me impaciento. Por no hablar de las cosas que se esconden detrás de la mesilla de noche para que no las encuentre. O de los carnets que se pierden aposta durante semanas para que yo pierda mi tiempo en buscarlos y no pueda utilizarlos. Y qué decir de los bolígrafos. Tengo entendido que se inventaron para deslizarse entre las carpetas hasta el fondo de las mochilas y así ejercitar nuestra memoria con los datos que no pudimos apuntar porque no teníamos con qué escribirlos.
Se ve que es muy difícil que las cosas nos obedezcan. Tan difícil que habrá que serenarse y planificarse para no ir con prisas y que puedan hacerlo.

22 de enero de 2024

Que no llego

Seguro que nos pasa a todos. Eso de que no entendemos cómo los demás no nos entienden. Por ejemplo, a mí me asombra que los demás se asombren de que yo no llegue a todo. Y es que dejo muchas cosas por hacer, pero porque no doy más de mí. Olvido, pospongo y alargo cosas; es mi especialidad. Y no estoy satisfecho con ello. Pero estaría todavía menos satisfecho con la ansiedad de querer llegar a todo y de preocuparme por todo. Mi elección está hecha.