¿Por qué las cosas no me obedecen? Al ponerme la camisa los botones no entran a la primera cuando tengo prisa. Si llego tarde, las esquinas de la cama se ponen en medio y me doy con ellas. Cuando intento coger las tijeras del fondo del cajón entre el conjunto de trastos, no se dejan agarrar y me cuesta tanto conseguirlo que me impaciento. Por no hablar de las cosas que se esconden detrás de la mesilla de noche para que no las encuentre. O de los carnets que se pierden aposta durante semanas para que yo pierda mi tiempo en buscarlos y no pueda utilizarlos. Y qué decir de los bolígrafos. Tengo entendido que se inventaron para deslizarse entre las carpetas hasta el fondo de las mochilas y así ejercitar nuestra memoria con los datos que no pudimos apuntar porque no teníamos con qué escribirlos.
Se ve que es muy difícil que las cosas nos obedezcan. Tan difícil que habrá que serenarse y planificarse para no ir con prisas y que puedan hacerlo.
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