Toda mi vida las he tenido. Siempre estaban acechando, esperando su momento para presentarse y marcar su influencia venenosa sobre mí. No importaba que el día hubiera ido bien. Normalmente actuaban de noche en forma de noticias negativas, recuerdos tempestuosos u olvidos inesperados. La novedades desalmadas me alteraban por dentro. Me hacían acordarme de que mi felicidad no dependía de mí.
Ahora las he domesticado y no muerden tanto. Pero algo sí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario