Un mareo vibrante dentro de mis oídos. La sensación de que mi cerebro se golpea contra mi cráneo como un loco en la celda del manicomio. Algo agarra mi martillo y mi yunque, y los congela. "A ver si puedo centrarme" musito ante el estante del lavabo.
Afuera no se me comprende. Miradas de crítica por estar tumbado en la cama leyendo para sujetar la vibración. Gemidos de sorpresa. Incomprensión en los gestos.
Solo yo conozco la batalla de mis cavernas. Solo yo puedo tratar de aplacarla. Nunca se detiene.
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