Los últimos momentos de algo son siempre los más sabrosos. Se para la premura de la vida y nos detenernos a investigar en qué consistía eso que se está acabando. Tal vez en esos minutos finales comprendemos mejor que nunca la naturaleza de lo que estamos a punto de perder, y lo amamos con todas nuestras fuerzas. Pero se nos escapa entre los dedos como agua para no volver jamás.
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