Los de la ciudad me hacen disfrutar. Llevo con ellos desde pequeño, y lo he celebrado con ellos todo. Nunca me siento expuesto al frío ni paso necesidad. En su presencia nadie se acuerda de los peligros de fuera ni de la vergüenza. Son jacarandosos y festivaleros. Me puedo abrir con franqueza y olvidar mis lastres en casa, que nunca me van a fallar. Y, además, es que yo también me llamo ciudad.
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