25 de junio de 2024

Que no entras más


Se guardó todas las reacciones durante cuarenta años. No discutió, no opinó, no mostró ningún desacuerdo. Acataba las miradas desafiantes de los categóricos que buscaban sumisión a sus soflamas disfrazadas de punto de vista sabio. Bajaba la vista ante mentiras que pasaban por certezas en las bocas ebrias de los parroquianos del bar y del altar. Mientras tanto, un rugido se iba gestando en sus tripas escondido tras un muro de silencio. Y notaba que se iba haciendo más y más pequeño. 
Un día su nuca tocó la almohada y encontró que casi no le quedaba nada. Su interior estaba vacío e insatisfecho. El espacio que ocupaba no era suyo, sino de su familia o de sus colegas de profesión. Los amigos ya no le tenían en cuenta, dado que habían notado que no tenía un carácter que ofrecer. 
Lamentó todos esos días sin contestación. No se enfadó. Se propuso cambiarlo. Aunque ya tenía casi 60 años, lo cambiaría. ¿Para qué? Para lo que quedara.

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