De nuevo encontraba extraño estar entre aquellos individuos. Solo se había dado el caso otra vez en los últimos diez años. No era justo. Alguien tendría que avisar o preparar a la gente para que supiera qué hacer. No había otra forma de asumir que, de repente, entre todo el despliegue de egoísmo y envidia, en medio de la lluvia de maldad y odio, conocieras a dos personas buenas.
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