La maraña de la mente puede atrapar a un alma desprevenida y dejarla laminada, desmenuzada, convertida en hebras que giran sobre sí mismas al ritmo del viento. Qué poder temible habita en nuestro interior. Los miedos son en realidad volcancillos en señal de tumulto subterráneo, burdos quejidos que ocultan el magma incandescente dominador del planeta, el auténtico señor de las andanzas del pensamiento. La indefensión que siente el espíritu se transforma en un pánico vital. Los temores a lo desconocido, a la noche, a la muerte, son pequeños reflejos de esa angustia que acompaña al humano desde la cuna.
La vida es enseñanza para lograr evitar que la mente nos controle. Somos nosotros quienes debemos tener el control.
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