En los 80 a los marcianitos se les mataba. Hacían ruido al morir y podían eliminarte a ti también, pero si tenías 25 pesetas podías jugar otra partida. Ahora ya no los mato. Quedo con ellos, charlamos y cenamos. Y me encanta volverles a ver. A lo mejor se vuelve a convertir en una costumbre, como en aquellas noches del Kindu, entre penumbra y alcohol, con personajes de la noche y sus curiosidades. Ojalá.
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