Mira que nos lo han avisado. Que la casa se cae a pedazos y seguimos haciendo agujeros. No limpiamos lo negro de las paredes ni el moho de las juntas. Nos orinamos en las esquinas como si no fuéramos nosotros los que van a sufrir el olor. Nos lo hemos ganado: de aquí nos echarán y la casa volverá a estar espléndida, pero con otros habitantes. No quedará de recuerdo nuestro ni el plástico de los mares.
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