El periodista se encontraba en la redacción del periódico para el que llevaba trabajando los últimos 37 años, esperando a poder terminar su artículo. No había nadie más, pues era ya tarde y todos se habían marchado a casa. La puerta del fondo se abrió. El rectángulo de luz sorprendió al periodista. No esperaba a nadie. Unos pasos se le acercaron, sin poder distinguir a su dueño debido al brillo de las luces del pasillo. Muy cerca sonó una voz:
- Déjelo todo como está. No siga.
- ¿C... Cómo?
- ¿No se lo han dicho? Todo lo que ha hecho no ha servido de nada. Basura. Error tras error. Siempre mal.
- Pero... Si nunca me han dicho eso. Todo lo contrario.
- Sería porque no se daban cuenta. O porque no era su intención. O porque era una broma. O no les entendió usted. Pero llevan aguantándole mucho tiempo. No llamaron a la policía porque creyeron que iba a cambiar. Hasta aquí.
El periodista no se mueve ni habla. Cierra los ojos y se mira dentro. Solo le queda dentro.