Había caído de golpe sobre el suelo una roca lisa y negra de superficie brillante. Rodó hasta pararse pegadita al inicio de la suave ladera acolchada de hierba recortada. El eco de su impacto había desaparecido. En silencio se estabilizó la paz del entorno que antes del ruido seco había dominado el escenario de la montañosa pradera inacabable de riachuelos gélidos de aguas transparentes. Volvió la calma.
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