Despierto y los sueños son solo un traslúcido recuerdo. Antes de que se asienten, vienen las reminiscencias y las obligaciones, y los ahuyentan. Solo los apoyan las emociones, sombras oníricas y hermanas suyas. En la lucha por la supervivencia, lo que vivo mientras duermo tiene perdida la batalla con la realidad, por su origen recóndito bajo la mente consciente, su falta de presencia para las ocupaciones cotidianas y esa naturaleza liviana que lo lleva a evaporarse sin testimoniar su existencia. Nunca me intereso por darle voz, ni me acuerdo de lo que ha pasado igual que un borracho. Su lugar lo ocupan raudos los emisarios de la memoria y del deber.
El pasado y el futuro combaten a los sueños. Solo pararse en el presente, el terreno de los sentimientos, los puede alimentar para que permanezcan.
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